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Tragedia en Manhattan: cinco muertos en un tiroteo en la sede de la NFL

El edificio donde se vivió el tiroteo alberga a varios inquilinos, entre ellos Blackstone, KPMG y JP Morgan.

Una tarde de horror sacudió el corazón de Manhattan cuando un tiroteo en el edificio de oficinas ubicado en el 345 de Park Avenue dejó un saldo de cinco personas muertas, entre ellas un agente de policía y el propio atacante.

El episodio ocurrió cerca de las 18:30 horas del lunes y desató una ola de pánico en una de las zonas más transitadas de Nueva York.

El rascacielos, conocido por albergar las oficinas de la National Football League (NFL), se transformó en el escenario de un ataque violento que dejó consternada a la ciudad. La torre ocupa una manzana completa, cuenta con su propio código postal y está ubicada a pocas cuadras del Rockefeller Center y Central Park.

El autor del tiroteo fue identificado como Shane Devon Tamura, de 27 años, oriundo de Las Vegas, Nevada. Según informó la comisionada de Policía de Nueva York, Jessica Tisch, Tamura ingresó al edificio portando un fusil de asalto M4 y abrió fuego en el vestíbulo.

Aunque no tenía antecedentes penales relevantes, poseía un permiso para portar armas ocultas y una licencia de investigador privado vencida. Fue hallado sin vida en una escalera del edificio, aparentemente tras haberse disparado a sí mismo.

Entre las víctimas se encuentra el oficial Didarul Islam, de 36 años, un agente del Departamento de Policía de Nueva York que se encontraba fuera de servicio y cumplía tareas de seguridad privada en la torre.

Recibió un disparo por la espalda y fue trasladado de urgencia al Hospital Presbiteriano, donde falleció. Era padre de dos hijos y su esposa está embarazada del tercero, según confirmó la comisionada.

Además del oficial Islam y del atacante, otras tres personas –dos mujeres y un hombre– murieron en el lugar. Sus identidades no fueron difundidas oficialmente hasta tanto se notifique a sus familias.

El hecho generó una rápida respuesta de las fuerzas de seguridad y reavivó el debate sobre la portación de armas y la seguridad en edificios públicos. Mientras tanto, la investigación continúa en manos del Departamento de Policía de Nueva York, el FBI y la oficina del fiscal federal del Distrito Sur.

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